viernes, 14 de junio de 2013

Crónicas del Savoy - 33 (temporada 2012-2013)

Viernes 14 de junio de 2013

Era inesperada y esbelta; novedosa, dominical y radiante, como un mástil que estrenase bandera. Traía un sobre a mi nombre con una carta de la escritora Kate Sinclair y me dijo que venia de Boston. Tenía el rostro arropado por una melena negra ondulada que le caía al pie de la letra sobre los hombros, como una hilatura de guipur acomodándose en el lomo estilográfico de un gato. Abrí el sobre y leí un párrafo de la carta de Kate. Decía: “Se llama Patricia Sheridan y se crió en una familia refinada en la que la gente se disculpa incluso por no tener motivos para pedir disculpas. Debajo de la esclavina de esa elegancia bostoniana sin sudor late como una timba la sangre de una mujer sureña. Es como la fachada de una catedral gótica en cuyo interior se hubiese organizado un cabildo de cuatreros. Desde que rompió con un aburrido banquero de Maine permanece cerrada al culto”. Eso me decía Kate al describirla. Devolví la carta al sobre mientras Patricia Sheridan me hablaba de si misma: “He venido al Savoy porque quiero desentenderme de mi. Soy elegante, pero no me resignaré a que mi ropero sea mi sepulcro. Quiero sentir como galopan en mi sangre las carambolas del billar. Que no te frene mi tibia compostura bostoniana. En realidad mi alma es una escalera de incendios. Tengo que evitar que mi esmerada educación aniquile mis instintos. No quiero acabar como tu amiga Kate Sinclair. Necesito saber que se siente al enjuagar la cara con el agua en la que acabe de lavar su camisa un gangster, un forajido o un vaquero. Quiero hacer fuego frotando dos gotas de lluvia”. Eso me dijo Patricia Sheridan aquella noche antes de despedirse con la promesa de volver al día siguiente. En realidad no volví a saber de ella. Era bella y elegante, refinada y seductora, una garza volando como un nudo de seda en el interior de un estuche de carey. Al final de su carta me decía Kate Sinclair: “No te hagas ilusiones, Al. Déjala irse y confórmate con la idea de que una mujer como ella es la razón por la que Dios sigue soltero”.

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