"Hay tipos muy entregados con las mujeres. Conocí a unos cuantos en el Savoy. Ninguno como Barry Logan. Barry era generoso y atento con las mujeres. Y lo hacía a cambio de nada, por el placer de saber que era importante para alguien. Una fulana con la que compartió su vida me contó que Barry la obligó a que contrajese deudas por el placer de ser él quien la sacase luego del apuro. Una madrugada le pregunté por qué hacía aquello. Barry me dijo que era comunista y que quería compartirlo todo. Fue entonces cuando se lió con la cantante Debbie Blondale, una joven cuya única ambición era conformarse con carecer de ambiciones. Aceptó a Barry como amante pero él se empeñó en compartir con ella la vivienda y el dinero. “Quiero ser tu marido, tu amante y tu mecenas”, le dijo. Debbie no aceptó. Le dijo que prefería a su lado a un hombre más orgulloso de sí mismo, un tipo que no se entusiasmase solo con la idea de arruinarse. Fue ella quien me lo contó una madrugada en el Savoy. Me dijo: “La rogué que cambiase de actitud y que no dilapidase la fortuna. Una madrugada me enfadé y le reproché que careciese de amor propio. Entonces Barry me miró a los ojos y me dijo: “Lo siento. Yo no tengo amor propio, nena. Detesto la propiedad privada”. Lo de Debbie Blondale con Barry Logan duró poco. Fue él quien decidió romper. Lo hizo porque no creía que fuese natural ser feliz con alguien que no le costase dinero. Cuentan que en Baltimore le dio propina a un tipo que le atracó a mano armada. Lo último que supe de él fue que se había retirado a vivir en Cleveland con una fulana que le ayudó a quemar el dinero como si tuviese fuego en la mano de pagar. Una vez arruinado Barry, ella se largó con un pintor de Atlantic City al que conoció en una galería en la que él exponía una carísima colección de manchas de camuflaje compradas a bajo precio en una tintorería del Ejército. A Barry Logan lo arruinó una mujer que presumía de que la moneda más pequeña que llevaba en el bolso era un billete de cien dólares. A un tipo que lo localizó en Arizona, le dijo Barry: “Puede que no lo creas, pero soy razonablemente feliz. Cuando era rico las mujeres venían a comer en la mano en la que olía a dinero. Ahora no tengo un centavo y ni se me acerca la muerte. No importa. Al menos sé que las mujeres que antes me querían por mi dinero, ahora me desprecian por mi mismo”.
http://www.goear.com/listen/da66929/17-cronicas-del-savoy-17-temporada-2010-2011-fosfonautas
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