jueves, 20 de octubre de 2011

Crónicas del Savoy - 18 (temporada 2010 - 2011)

Me dijo de madrugada hace años el viejo Giacomo Pavesse en el Savoy: “Ahora eres todavía muy joven para entenderlo, hijo, pero un día te darás cuenta de que un hombre no es verdaderamente un hombre hasta que ama a una mujer, paga una deuda y es leal a una bandera”. Al viejo Pavesse le gustaba decir que era un hombre de principios. Yo era joven y le creía todo porque tenía una voz redonda, profunda, la voz de alguien a quien le habrías agradecido una amenaza de muerte. Cada mañana se hacía afeitar en la barbería de Piero Campanella. El gangster Tonino Fiore me contó que de niño se sentaba en la acera de enfrente a mirar como Piero afeitaba al señor Pavesse. Y cuando el viejo fundador del Savoy salía de la barbería, Tonino le seguía cinco pasos por detrás aspirando en el aire de la calle el mentolado estrambote de aquel hombre recién afeitado. A veces el señor Pavesse se quedaba dormido en el sillón giratorio de la barbería. Piero Campanella jamás le despertaba. Al viejo Pavesse lo adormecían aquellas sonoras y flácidas palmadas de la loción after shave que casi le masturbaban la cara. A Tonino Fiore aún ahora le parece que cada vez que el señor Pavesse salía de la barbería, no había un solo jueves que no fuese domingo. Creo que fue el verano pasado cuando hablé con Fiore sobre el viejo y entrañable Pavesse y me dijo Tonino: “Cuando yo le conocí, era un tipo muy corpulento y tripudo que no veía sus propios pies al caminar. Decían que era malo, pero olía bien. No hacía ruido al andar aunque llevaba siempre zapatos de suela. A mi me parecía que cualquier periódico que comprase nunca traería una mala noticia. Una madrugada hablé de él con Chester Newman. Y el columnista del “Clarion” me dijo que el viejo Pavesse no hacía ruido al andar porque caminaba a mano”.

El viejo Pavesse murió hace mucho tiempo. Yo ahora sé como era aquel hombre porque lo recuerdo mal. Y digo esto porque lo aprendí de él. Fue la madrugada que me sentó a su mesa en el Savoy y me dijo: “No importa que tengas un tropiezo con tu chica y que por tu culpa ella rompa contigo, hijo. Con el tiempo la recordarás con cariño. No hay un solo hombre que nos sea más idiota que su memoria. Cuando yo era niño, la II Guerra Mundial era un terrible dolor; ahora, hijo, ahora es únicamente una asignatura”.

http://www.goear.com/listen/d4e3da8/18-cronicas-del-savoy-18-temporada-2010-2011-fosfonautas

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