♦ Me lo dijo la escritora Kate Sinclair en mi última visita a su casa en la costa. Me dijo: “Acabo de despedir a un joven colega que vino desde Pasadena para conocerme. Le agradecí el detalle pero me tardaba que se fuera. ♦ Detesto que los hombres me admiren. Ese colega dice que mi veteranía y mi temple le inspiran confianza. ¡Por el amor de Dios, Al!, yo a mi edad lo que espero de un hombre no es que me admire, sino que me acorrale… que me ponga con la espalda pegada a la pared y que su boca sea la única escapatoria de la mía”. ♦ Me contó luego Kate que había llegado a una edad en la que la seguridad era en cualquier caso peor que el peligro. Todavía conservo una carta suya de hace un par de años. Entre otras cosas, me decía Kate: “Es cierto que cuando era joven deseaba con toda mi alma triunfar en la literatura. ♦ Me sentí la reina del mundo la primera vez que un hombre me pidió un autógrafo. ¡Que tontería, Al! Ahora daría lo que fuese para que aquel mismo hombre se me acercase empuñando un revolver. Me estoy haciendo mayor, muy mayor, querido. Exagerando un poco, he entrado en esa edad en la que una mujer es demasiado mayor incluso para tener algún hijo vivo. ♦ No he tenido suerte con los hombres. La última vez que vino uno a casa, entró en mi dormitorio y me preguntó por qué diablos quería una cama tan grande. Lo entendí a la primera, de modo que le serví el café frío para que se largarse antes casi de haber entrado. Me dolió, Al, pero aquel tipo tenía razón. ♦ El año pasado la Policía avisó de que rondaba por la zona un peligroso violador. Puede que no me creas, Al, pero aquel tipo tan peligroso se presentó de noche en mi casa solo para advertirme de que había dejado la puerta abierta. Aquello fue muy decepcionante para mí. Su indiferencia me hizo más daño que el peligro. ♦ ¿Qué diablos les pasa a los delincuentes, Al? ¿Cómo se explica que en América sea más peligrosa la Policía? ¿Cómo pudo ser que aquel violador fuese conmigo más amable que mi ginecólogo?”.
Admiro el talento de Kate Sinclair y entiendo y comparto la amargura con la que me habla. Guardo como un tesoro la hoja manuscrita de una novela suya en la que escribió: “Cada noche antes de dormir me da miedo la soledad en la que vivo. A veces imagino que se acercan desde el fondo del pasillo las pisadas de un desconocido. Entonces me quedo dormida.♦ Me tranquiliza la esperanza de que un hombre peligroso me proteja de la soledad, del silencio y del miedo. He llevado la vida decente de un muñeco, con la desgracia amigo mío de no haber sentido nunca entre las piernas la mano del ventrílocuo”.
http://www.goear.com/listen/9427434/36-cronicas-del-savoy-36-temporada-2010-2011-fosfonautas
Admiro el talento de Kate Sinclair y entiendo y comparto la amargura con la que me habla. Guardo como un tesoro la hoja manuscrita de una novela suya en la que escribió: “Cada noche antes de dormir me da miedo la soledad en la que vivo. A veces imagino que se acercan desde el fondo del pasillo las pisadas de un desconocido. Entonces me quedo dormida.♦ Me tranquiliza la esperanza de que un hombre peligroso me proteja de la soledad, del silencio y del miedo. He llevado la vida decente de un muñeco, con la desgracia amigo mío de no haber sentido nunca entre las piernas la mano del ventrílocuo”.
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