jueves, 20 de octubre de 2011

Crónicas del Savoy - 35 (temporada 2010 - 2011)

Fue hace ya algún tiempo, una madrugada en el Savoy. Un tipo se lió con una fulana que estaba de paso. Tomaron unas cuantas copas y se arreglaron para acostarse juntos en un motel. La noche fue un fracaso. Ella dijo que tenía preocupaciones y él por cortesía fingió que prefería fumar. Como a ella le preocupaba lo que él pudiera contar luego en el bar, aquel tipo la tranquilizó. Le dijo: “No te preocupes, nena. Nadie sabrá que lo de esta noche fue un fracaso. Tú mentirás por pudor, cariño, y yo callaré por orgullo”. Aquel tipo se llamaba Bobby Worthy y era sin duda un hombre elegante con las mujeres. Bobby fue durante nueve años el amante de una actriz decadente con la que anduvo dando tumbos por los hoteles demedio pelo de todo el país. Bobby cargaba con el equipaje y de vez en cuando se comportaba en cama. Se dejaron porque Bobby se dio cuenta de que por culpa de cargar con tanto equipaje le habían crecido los brazos. Entonces ella le rogó que no contase nada de lo que había habido entre ellos. Y Bobby Worhy, que era un tipo elegante, le dijo: “No te preocupes, Selma. Me voy de tu lado con gratitud. Jamás diré nada malo de ti. Fuimos la pasión y el frío, el fuego y el humo, pero para el mundo, para el mundo habremos sido llamas distintas de la misma hoguera. Y añadió:" Te recordaré siempre como una mujer orgullosa, digna y admirable, como se recuerda un templo a punto de ser cerrado al culto. No digo nada malo con eso, nena. Nadie hablaría mal de la catedral en la que fue tanto tiempo canónigo”. Cuando Bobby me contó lo suyo con Selma, recordé lo mío con Lorraine Webster la noche en la que ella rompió conmigo porque en diez meses solo me había acostado con ella aquella noche en la que por culpa del viento me equivoqué de portal. Antes de irse de mi vida para siempre, me dijo Lorraine: “No puedo compartir mi vida con un hombre que se desvela con el sueño. Yo vivo de día por mi reloj de pulsera, cielo, pero tú, por el amor de Dios, Al, tú vives de noche por la relojería de los pasos de cualquier mujer. Me prometiste que lo nuestro sería un monumento inmortal al amor y yo te creí. Hace poco me di cuenta de por culpa de ser un soñador, ese monumento se vendría abajo tan pronto se posase en él el boceto de un pájaro”. Y añadió Lorraine: “Te recordaré con cariño. Y espero que tú seas lo bastante razonable para admitir que si fracasamos, fue porque siempre consideraste elegante que una mujer te abandone antes de que a tu lado se le repitan los reproches, el llanto o el calzado”.

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