A veces ocurren cosas contradictorias que parece que fueron mentira. Cuando el bueno de Bobby Mc Farlan era matón en la puerta del Savoy, le dio una paliza a un tipo muy feo y le deformó tanto la cara que nada más reponerse de aquello hizo una película como galán en Hollywood. Bobby trabajó en el club en una época en la que el Savoy estuvo a punto de la cerrar por culpa de admitir a tanta a gente intachable. Las cosas mejoraron gracias a que Bobby Mc Farlan se plantó en la puerta y le prohibió la enterada a cualquiera que le pareciera decente. Un tipo legal se daba cuenta enseguida de que no pintaba nada allí. Bobby no era una lumbrera, pero se le entendía muy bien gracias a lo mal que razonaba. En una ocasión le acompañé desde Battery Park en el ferry de Staten Island. A mitad de camino se apoyó en la amura de babor y me dijo: “Todo es agua, ¿cierto, Al? Desde esa gaviota hasta el fondo del mar, toda el agua es igual. Bien, pues si todo es agua, joder, Al, dime, ¿por qué diablos no flota el agua del fondo?”.
Bobby Mc Parlan era un matón con paciencia, un tipo tranquilo con un elevado sentido de la dignidad. Con motivo de un homicidio que cometió en Cleveland, un juez le condenó a doce años de prisión. Bobby no se inmutó al escuchar la sentencia. Bajó la miada, arremangó el brazo y puso en hora el reloj. Mc Farlan le había pegado a un tipo dos tiros en la boca. El negó que aquel tipo estuviese muerto cuando lo dejó en una calle oscura en Cleveland. El fiscal le mostró una foto del difunto con los estragos en la boca. “Me puedes decir que ves en esta foto, Bobby?”, preguntó el fiscal. Y Bobby Mc Farlan le contestó: “Un evidente caso de gula, señor”. En la puerta del penal, Bobby preguntó, “¿se puede?”.
¡El bueno de Bobby! No supe nada de él hasta que ví su cadáver retratado en el “Clarion”. Bobby era tan corpulento que la foto pasaba a la página siguiente. Lo mataron a la salida de un garito en Filadelfia. Temeroso de que le disparase cualquiera de sus muchos enemigos, Bobby solía caminar en zigzag por la calle. Lo mató de un solo disparo un mafioso borracho que le seguía haciendo eses por la calzada. El médico que lo atendió moribundo en medio de la calzada declaró que en el pecho de Bobby Mc Farlan el corazón sonaba al final “como una pelea de gallos en la caseta de un perro”.
http://www.goear.com/listen/a42b609/22-cronicas-del-savoy-22-temporada-2010-2011-fosfonautas
Bobby Mc Parlan era un matón con paciencia, un tipo tranquilo con un elevado sentido de la dignidad. Con motivo de un homicidio que cometió en Cleveland, un juez le condenó a doce años de prisión. Bobby no se inmutó al escuchar la sentencia. Bajó la miada, arremangó el brazo y puso en hora el reloj. Mc Farlan le había pegado a un tipo dos tiros en la boca. El negó que aquel tipo estuviese muerto cuando lo dejó en una calle oscura en Cleveland. El fiscal le mostró una foto del difunto con los estragos en la boca. “Me puedes decir que ves en esta foto, Bobby?”, preguntó el fiscal. Y Bobby Mc Farlan le contestó: “Un evidente caso de gula, señor”. En la puerta del penal, Bobby preguntó, “¿se puede?”.
¡El bueno de Bobby! No supe nada de él hasta que ví su cadáver retratado en el “Clarion”. Bobby era tan corpulento que la foto pasaba a la página siguiente. Lo mataron a la salida de un garito en Filadelfia. Temeroso de que le disparase cualquiera de sus muchos enemigos, Bobby solía caminar en zigzag por la calle. Lo mató de un solo disparo un mafioso borracho que le seguía haciendo eses por la calzada. El médico que lo atendió moribundo en medio de la calzada declaró que en el pecho de Bobby Mc Farlan el corazón sonaba al final “como una pelea de gallos en la caseta de un perro”.
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