Recuerdo aquel fin de semana con la escritora Kate Sinclair en su casa de la playa. En un momento en el que me hablaba con amargura de su vida sentimental, me contó que la noche anterior había soñado que la perseguía por la arena un hombre. Me dijo: “Era un hombre muy masculino y bien parecido. Aquella mañana había leído en el “Clarion” que merodeaba por la zona un delincuente sexual y pensé que podría ser aquel tipo. Yo con el pánico apenas era capaz de correr y el hombre iba rápido. Entonces desperté sobresaltada”. Le pregunté a Kate si aquel tipo del sueño le había hecho daño. Y me contestó: “Mi vida sexual ha sido un completo fracaso, Al. Si el sueño fue una pesadilla se debe a que el tipo que me perseguía por la playa no era capaz de alcanzarme”. En una de sus novelas mas autobiográficas recreó el personaje de una mujer madura que duerme con la puerta de la calle abierta para echarle una mano al peligro y siempre despierta con la puerta cerrada con llave. A Kate le ocurre algo parecido. Conmigo tiene confianza y no le importa reconocer que se equivocó de vida. Conservo con cariño una larga carta que me envió al Savoy hace ya algún tiempo. En ella me hablaba sobre todo de sus decepciones como mujer. En uno de sus párrafos dice: “Me he volcado en mi carrera como una idiota. He llenado de gente mi biografía, amigo, pero tengo vacía mi cama. ¿De que me ha valido la inteligencia, Al?¿Me lo puedes decir, hermano? Me he dedicado al cerebro, olvidando mi cuerpo. Ahora me planto frente al espejo, pienso en mi lucidez mental, miro mi silueta y me digo a mi misma que soy como una vela aplastada por el peso ingrávido de la llama. La crítica aplaude mi obra. Y yo no digo que eso no sea bueno, Al, créeme. Pero, ¿sabes?, habría cambiado todos esos delicados elogios de la crítica por una sórdida grosería del cartero. Tendría que haber vivido de otro modo. Alguien del “Clarion” escribió que con mi anterior novela había plagiado a Dios. Al leer aquello me sentí bien, Al, te juro que me sentí bien, pero ahora sé que para una mujer de mi edad, tratar con Dios no es en absoluto mejor que planchar la camisa de un hombre”.
Aquel fin de semana en su casa de la playa le dije a mi amiga escritora que el feminismo radical la tomaría con ella por adoptar aquella actitud. Y me dijo Kate: “Al cuerno con esa gente. Una ideología que te llena la solapa de un libro no puede ser mejor que la voz de un hombre que te hace temblar las piernas. Es muy triste tener la nevera llena, una pandilla de viento en la puerta y ni una mancha en la cama”.
http://www.goear.com/listen/9891a55/23-cronicas-del-savoy-23-temporada-2010-2011-fosfonautas
Aquel fin de semana en su casa de la playa le dije a mi amiga escritora que el feminismo radical la tomaría con ella por adoptar aquella actitud. Y me dijo Kate: “Al cuerno con esa gente. Una ideología que te llena la solapa de un libro no puede ser mejor que la voz de un hombre que te hace temblar las piernas. Es muy triste tener la nevera llena, una pandilla de viento en la puerta y ni una mancha en la cama”.
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