jueves, 20 de octubre de 2011

Crónicas del Savoy - 28 (temporada 2010 - 2011)

Hoy no os voy a contar ninguna historia del Savoy. Debo confesar que a las tantas de la madrugada me di cuenta de que no tenía nada que narrar y decidí entonces que lo mejor sería reconocer que a veces me siento hundido y que remontar me pa...rece más inútil, y más agotador, que dejarme caer. Pensé no aparecer esta mañana por la radio. Luego recapacité porque me di cuenta de que hasta para ser cobarde me faltan agallas. Esta temporada no he fallado a mi cita con el programa y eso es sorprendente en un tipo al que su familia le pedía explicaciones por haber vuelto temprano a casa. Puede que parezca una broma, pero yo creo que Carlos Herrera está decepcionado por mi inesperada regularidad. Yo mismo me pregunto a menudo quien soy y a donde pretendo llegar. De jovencito me hice ilusiones y fui un muchacho entusiasta y muy trabajador. Luego me metí en este oficio y al poco tiempo comprendí que el periodismo era la única manera de llegar a la indigencia con algún esfuerzo. El de periodista era también un extraño trabajo en el que podías adquirir prestigio gracias a perder la reputación. Cuando yo empecé en esto, entre el periódico y mi casa había a diario seis mendigos. La primera vez que me pagaron, el dinero me alcanzó apenas para devolver un anticipo y administrar el resto hasta la limosna del tercer mendigo. Yo estaba recién casado y vivía en un piso muy frío, sin calefacción, en el que los días crudos de invierno abríamos la ventana para entrar en calor. La cocina tenía un fuego flojo que acatarraba la comida. Mi primer televisor fue un aparato muy pequeño, en blanco y negro, que dejaba de funcionar con motivo de encenderlo. Yo paraba poco en casa y a mi mujer a veces me la encontraba en la calle, y a pesar de todo, ella, que era buena, me tuteaba. Un domingo le dije que para que aquello fuese un hogar lo mejor sería cocinar algo que no se calentase al meterlo en la nevera. Mucha de la gente sin esperanza que pulula de madrugada por el Savoy, estuvo alguna vez en aquella cocina. Allí, en aquella cocina, aprendió a comer mi hija mayor. Ella aun ahora no me conoce muy bien, la verdad, porque no fui un gran padre. Me jode decirlo, pero los datos son los que son: Me marché de casa el día de su primera comunión y cuando volví a verla, quise cogerla en brazos y no pude con ella. Aquella misma noche me eché a la carretera en el coche, me dormí al volante y cuando desperté estaba a quince quilómetros de donde había salido. Como me jodía ser creyente, nunca me pregunté quien diablos me había apartado de delante los camiones. Y ahora estoy aquí, vencido por el sueño y castigado por el cansancio. Pero así fue a menudo mi vida: Soñar en la cabeza de un muerto, echar a perder la mañana al atardecer y dar tumbos por ahí con un puñado de llaves que no dan en ninguna puerta...

http://www.goear.com/listen/dd7fe3c/28-cronicas-del-savoy-28-temporada-2010-2011-fosfonautas

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