jueves, 20 de octubre de 2011

Crónicas del Savoy - 3 (temporada 2011 - 2012)

No digo que Tonino Fiore no sea un tipo amoral y desalmado. Tampoco negaré que tiene de la obediencia la idea de que es algo que no se consigue despertando la admiración sino inculcando el miedo. De él dijo una vez el detective Fuller que sería capaz de odiarte con la mente en blanco.

Creo que fue a Tonino Fiore a quien le escuche decir de madruga en el Savoy que las relaciones de pareja funcionan bien a condición de que los intereses de ambos no se entrometa nunca el amor. Me dijo no hace mucho tomando una copa en su mesa del Savoy. Adoro a las mujeres pero no me relaciono bien con ellas. Me enamoro y se me pasa pronto y quiero marchar. Cada vez que me gusta una mujer en el fondo temo que me haga caso. Sabes Al, soy como un cazador que odiase la puntería. Creo que en el fondo no sirvo para convivir en pareja. Para el matrimonio no basta con tener voluntad, hace falta también sacrificio, Al, y eso es lo malo porque yo no puedo entender que la felicidad sea el noble resultado de algún sufrimiento. No tiene sentido. Es como pagar un billete de avión para viajar incómodo en el metro.

El bueno de Tonino Fiore, dijo el Clarion, que era uno de los diez hombres más deseados de la ciudad y también el tercero más odiado. Una joven reportera le preguntó en una entrevista porqué creía él que despertaba entre las mujeres tanta admiración y también tanto odio. Y dijo Fiore: “Me admiran porque tengo poder. Les atrae la sensación de que incluso podría hacerles daño al protegerlas". Me casé en una ocasión con una mujer muy creyente, una fulana de Tucson, Oklahoma, que pasaba en la iglesia más tiempo que el incienso. Yo intenté hacerle la vida agradable, incluso a veces la acompañaba a misa. Un día se quejó de que mi comportamiento era decepcionante. Dijo que prefería al matón, al tipo áspero y mujeriego que incluso después de haber estado a solas con su barbero, volvía a casa con un pelo de corista en la solapa. Esa misma noche fui yo mismo, así que para que la cama no hiciese ruido, le calzamos la pata corta con una biblia de 15 dólares, con un crucigrama en la contraportada. Ambos teníamos treinta años cuando nos casamos, Al. Aquello no tardó en ir a peor. Rompimos al darnos cuenta de que el día de su boda es la última vez que un hombre y una mujer tienen la misma edad.

Mentiría si negase que admiro a Tonino Fiore. No digo que no sea un tipo cruel y desalmado, que lo es, pero le admiro porque creo conocerle bien. Una madrugada al salir del Savoy, me tomó del brazo bajo la lluvia y me dijo: “Tenía razón mi madre, Al. Un día me dijo que la vida es solo lo que por descuido le ocurre a un niño, entre la merienda y la muerte”.

http://www.goear.com/listen/2f52443/03-cronicas-del-savoy-3-temporada-2011-2012-fosfonautas

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