♦ La decadencia económica es evidente por donde quiera que se mire. Un vagabundo me contó que los mendigos de la zona de parque Bowery se retiran temprano por miedo a que los atraque la gente de clase media. ♦ El trabajo está a veces tan ...mal pagado, que los que viven de la mendicidad temen que les salga empleo. Era diferente no hace tanto tiempo, cuando en América incluso en las funerarias se fabricaba helados. Hablando de la creciente pobreza anoche en el Savoy, recordé lo que hace tiempo me contó el viejo Giacomo Pavesse al evocar su llegada a América. Me dijo: “Había riqueza por todas partes, hijo. ♦ Con el viento de noviembre, en Central Park era dinero la mitad de las hojas caídas en el suelo. Conocí en la calle 46, esquina a Broadway, a un tipo que cada mañana tomaba un taxi para cambiar de acera. Un fulano de Milwaukee me enroló en una importante banda de estafadores. ♦ El negocio era tan próspero, amigo mío, que no nos importaba gastar veinte dólares en falsificar un billete de cinco”. El viejo Pavesse me habló luego de la generosidad de la tierra que no se cansaba de bendecir. Dijo: “Te hablo de la tierra real, amigo, del polvo y de la grava, del puto suelo. En un periódico de Louisville, Kentucky, leí que la tierra del cementerio era tan fértil que incluso engordaban los cadáveres. Puede que no me creas, Al, pero todo el mundo tenía donde trabajar y tiempo para arruinarse alegremente dos veces cada día. Había otra moral. Cuando corre el dinero se relaja uno y se vuelve tolerante. ♦ Un tipo duro para el que trabajé en Atlantic City me pilló con su mujer en la cama. Creí que me mataría, pero no le dio importancia. Me dijo: “Podría pegarte un tiro y dejarte seco si pensase que eres el amante de mi mujer. Pero no lo haré. ¿Y sabes por qué no lo haré? Muy fácil: No lo haré porque lo tuyo me lo tomaré como un precalentamiento. Puede que tú creas que eres el amante de mi mujer, pero yo, amigo mío, yo te digo que en la cama de mi mujer tú eres mi telonero”. Eso me dijo aquel tipo duro de Atlantic City, hijo. ¡Aquello era América, Al!. ♦ Y en aquella bendita América yo te digo, amigo, que todo era tan abundante, que en las timbas de póquer los tahúres hacían trampas para perder”. Fue lo que me dijo el viejo Pavesse en el Savoy. ♦ Y ya en la calle, añadió: “Me fue bien en America, hijo, pero hay algo que me duele. Nunca tuve aquí una verdadera familia. Por eso a veces de madrugada de asomo a la ventana del salón, miro con envidia la caseta del perro y comprendo con amargura que el dinero no tiene cachorros”.
http://www.goear.com/listen/61f8d8a/32-cronicas-del-savoy-32-temporada-2010-2011-fosfonautas
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