♦ Un acaudalado vecino de Savannah, Georgia, vino una madrugada al Savoy y contrató a un bailarín de claqué. No lo quería para que le bailase en su plantación. Aquel tipo era caprichoso, tanto que alguien me comentó que en Detroit había contratado a un blanco como chofer negro. Al bailarín de claqué le ofreció una fortuna por cinco años de trabajo. ¿Y de que creen trabajo el bailarín de claqué para aquel potentado de Georgia? El bailarín se llamaba Brandon Mulligan y amasó una fortuna haciendo de lazarillo para el perro ciego de aquel tipo. ♦
Como os dije la semana pasada, aun con el quebranto de la economía, ¡esto es América! Conocí hace algún tiempo de madrugada en el Savoy a un tipo que apalabró a precio de ganga un bajo comercial en Brooklyn y lo desquitó con un próspero restaurante en el que hizo furor un menú de comida premasticada. Ahora ya sé como funciona este país, pero al poco de llegar todo me parecía trepidante. ♦ Aquel mundo no tenía nada que ver con la Europa en la que yo nací. Antes de embarcar para América tuve una novia con la que tampoco anduve muy espabilado. Le declaré mi amor el 5 de marzo y la besé el 8 de abril. Para que no faltase detalle, al besarla le metí la lengua en un ojo. Mi vida mejoró luego en América, aunque creo que aquel episodio explica por qué se me da tan mal beber la cerveza a morro. ♦
Hay quien dice que el americano medio no es un hombre elegante y puede que tenga razón. América estuvo en un tiempo llena de europeos que ganaron aquí la libertad a cambio de perder la elegancia. ♦ Yo fui invitado por Tonino Fiore a una boda en Reno, Nevada, en las que a alguna señora le habría quedado mejor en la cabeza la caja del sombrero. No tienen elegancia, pero tuvieron siempre libertad. Y como no tienen pasado, no necesitan memoria. Anoche mismo me dijo un tipo en el Savoy: “América ha prosperado porque aquí no hay ataduras. No digo que Europa no esté bien. No, no lo digo. ♦ Pero en Europa la gente mira mucho hacia atrás. Es distinto en América, Al. Aquí lo único que queda del siglo XII son las ruinas del fuego que corría como ganado rojo por las montañas Rocosas. Yo llegué desde Italia, desembarqué y me ofrecieron un negocio en el que yo ponía el trabajo y un tipo de Filadelfia ponía el dinero. Aquel tipo me dijo: “Muchacho, en América lo más antiguo es el periódico de mañana”. Abrimos un cabaret clandestino en Baltimore. Y no me lo vas a creer, Al, pero nos hicimos de oro con un negocio que tenía el rótulo encendido en el sótano”. ♦
Es verdad que aquí la gente desprecia el pasado. Eso es malo porque entristece vivir sin raíces. Pero es bueno, amigo mío, porque los tipos que frecuentan el Savoy al menos saben que la vida es eso que por lo general ocurre entre la cena y la muerte. ♦
http://www.goear.com/listen/017a2ed/33-cronicas-del-savoy-33-temporada-2010-2011-fosfonautas
Como os dije la semana pasada, aun con el quebranto de la economía, ¡esto es América! Conocí hace algún tiempo de madrugada en el Savoy a un tipo que apalabró a precio de ganga un bajo comercial en Brooklyn y lo desquitó con un próspero restaurante en el que hizo furor un menú de comida premasticada. Ahora ya sé como funciona este país, pero al poco de llegar todo me parecía trepidante. ♦ Aquel mundo no tenía nada que ver con la Europa en la que yo nací. Antes de embarcar para América tuve una novia con la que tampoco anduve muy espabilado. Le declaré mi amor el 5 de marzo y la besé el 8 de abril. Para que no faltase detalle, al besarla le metí la lengua en un ojo. Mi vida mejoró luego en América, aunque creo que aquel episodio explica por qué se me da tan mal beber la cerveza a morro. ♦
Hay quien dice que el americano medio no es un hombre elegante y puede que tenga razón. América estuvo en un tiempo llena de europeos que ganaron aquí la libertad a cambio de perder la elegancia. ♦ Yo fui invitado por Tonino Fiore a una boda en Reno, Nevada, en las que a alguna señora le habría quedado mejor en la cabeza la caja del sombrero. No tienen elegancia, pero tuvieron siempre libertad. Y como no tienen pasado, no necesitan memoria. Anoche mismo me dijo un tipo en el Savoy: “América ha prosperado porque aquí no hay ataduras. No digo que Europa no esté bien. No, no lo digo. ♦ Pero en Europa la gente mira mucho hacia atrás. Es distinto en América, Al. Aquí lo único que queda del siglo XII son las ruinas del fuego que corría como ganado rojo por las montañas Rocosas. Yo llegué desde Italia, desembarqué y me ofrecieron un negocio en el que yo ponía el trabajo y un tipo de Filadelfia ponía el dinero. Aquel tipo me dijo: “Muchacho, en América lo más antiguo es el periódico de mañana”. Abrimos un cabaret clandestino en Baltimore. Y no me lo vas a creer, Al, pero nos hicimos de oro con un negocio que tenía el rótulo encendido en el sótano”. ♦
Es verdad que aquí la gente desprecia el pasado. Eso es malo porque entristece vivir sin raíces. Pero es bueno, amigo mío, porque los tipos que frecuentan el Savoy al menos saben que la vida es eso que por lo general ocurre entre la cena y la muerte. ♦
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