Reconozco que hay pocas cosas que me enternezcan tanto como los momentos de agridulce melancolía de la corista Terry Shelton. Vive sola en un apartamento en Brooklyn y creo que nunca tuvo una verdadera oportunidad para vivir en pareja. Entró una madrugada en el Savoy porque dijo que le gustaba bajar escaleras y aquí continúa al cabo de tanto tiempo. Una madrugada me dijo:" Supongo que me metí en esto porque necesitaba un motivo razonable por el que llorar. No pretendía hacer carrera, ni ganar tanto dinero que no pudiese cerrar la mano al agarrarlo. Llevo aquí más tiempo que la mitad del humo y nadie se ha fijado aún en mi. La gente me confunde a menudo con alguien peor que yo. El detective Fuller me aconsejó que me largara. Me dijo que aquí pasaría inadvertida, como una mancha de cal en un dálmata. No me importó Al, porque mi idea del cielo, es verlo reflejado en el coche fúnebre. Yo solo quería ser una chica corriente y tener un horno que no acatarrase el pavo. Tampoco he aspirado nunca a casarme con un galán o con un tipo adinerado. En realidad, en realidad me habría conformado con planchar alguna vez la camisa de un hombre".
Ella evita comentarlo, pero yo creo que tuvo Terry algo que ver con Artie Fuller. Juraría que era de ella y del detective de quienes escribió Newman hace años en el Clarion, cuando retrató una pareja de la que dijo que ella aspira sinceramente al amor eterno, pero un tipo tan rudo como él, lo más parecido a la eternidad que conoce, es la cadena perpétua.
Anoche la invite a una copa en mi mesa. Maté un poco el resplandor de la lámpara y dejé apenas en la tulipa una agradable compota de luz, un suave tono como de fuego fatigado. Y al cabo de un rato me dijo Terry: “Me estoy haciendo mayor, Al. Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que un hombre me dijo que veía ilusión en mi mirada. Así es la vida. Acabo de tomar mi tercer martini. Ya me he resignado a que lo más masculino que me lleve a la boca sea el hueso de la aceituna. De joven soñé alguna vez con ser una estrella de la pantalla. Ahora, Al,… ahora me conformaría con ser la mejor para el peor hombre del mundo en la última fila de un cine”.
http://www.goear.com/listen/661d2c8/34-cronicas-del-savoy-34-temporada-2010-2011-fosfonautas
Ella evita comentarlo, pero yo creo que tuvo Terry algo que ver con Artie Fuller. Juraría que era de ella y del detective de quienes escribió Newman hace años en el Clarion, cuando retrató una pareja de la que dijo que ella aspira sinceramente al amor eterno, pero un tipo tan rudo como él, lo más parecido a la eternidad que conoce, es la cadena perpétua.
Anoche la invite a una copa en mi mesa. Maté un poco el resplandor de la lámpara y dejé apenas en la tulipa una agradable compota de luz, un suave tono como de fuego fatigado. Y al cabo de un rato me dijo Terry: “Me estoy haciendo mayor, Al. Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que un hombre me dijo que veía ilusión en mi mirada. Así es la vida. Acabo de tomar mi tercer martini. Ya me he resignado a que lo más masculino que me lleve a la boca sea el hueso de la aceituna. De joven soñé alguna vez con ser una estrella de la pantalla. Ahora, Al,… ahora me conformaría con ser la mejor para el peor hombre del mundo en la última fila de un cine”.
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